Y es que Universitario extrañó en demasÃa un pensante, un erudito del empeine. A lo mejor un Solano, un Fito o alguien que se les parezca, que haga correr a la pelota, que se siente sobre ella y ordene, dirija y respire por los once.
De eso Galvez tuvo y mucho. A Iriarte por ejemplo, un correcaminos que además generaba fútbol con un espléndido Juan Cominges. Esplendor que no se transmitÃa por su fino trato a la pelota, sino por su claridad de panorama, en su transporte, detención y cambio de juego.
Pero Gálvez domoró en asentarse. Por eso, en el inicio, los peligros en las áreas fueron pocos, la pelota se jugaba más en el medio, se rotaba, se esperaba el error del contrario.
Hasta que a los 24′ llega el error. Ricardo Ronceros se equivoca en la salida por salir jugando elegante y Juan Manuel Perillo se aviva para robarle la pelota, picarla y definir por debajo del arquero Quiroz, quien habÃa entrado en reemplazo de un lesionado Ferreyra. La suerte, a veces, también acompaña a los delanteros.
Hasta ahà el gol para la U era merecido, era por su dominio territorial, por sus corridas y su avalancha de piques sin destino seguro. Los chimbotanos mataban su buen toque en su ligera actitud para el ataque.
Pero la poca imaginación de la volante merengue permitirÃa reaccionar al cuadro de Rafo Castillo en el segundo tiempo. Porque los cremas se limitarÃan a la destreza de Alva para atolondrarse, la habilidad de Perillo para ganarse las pifias y el pique inoportuno del ingresado Carmona para travarse en su propio juego.
De eso se aprovecharÃa Juan Cominges, abanderado chimbotano para el fútbol, junto a Iriarte y Oviedo. A los 39′, Juanchi roba una pelota por izquierda para lanzar un centro venenoso hacia su hermano Paul, quien intenta cabecear, Bazán no pudo rechazar y la pelota chocó en Quina, que la desvÃa con dramatismo al arco concretándose asà el empate.
AhÃ, la U ya habÃa perdido varias ocasiones de asegurar la victoria. AhÃ, quizás Reynoso ya se habÃa dado cuenta que sus jugadores estaban para correr, no para tocar la pelota. Y esa visión tardÃa le costó un empate que, si Gálvez se lo proponÃa, pudo ser catástrofe en Ate. Quizás Reynoso se dio cuenta antes, cuando miró su banca. Y no dijo nada.



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