En el minuto 32 del primer tiempo en el clásico quedó grabado con impotencia en la retina del hincha aliancista. Wilmer Aguirre, en inmejorable posición, falló un gol cantado que arrancó el lamento generalizado de la mitad del país. Al escuchar el pitazo final y ver al clásico rival festejar en sus dominios aquella jugada fatal, se convirtió en una tortura.
Iracundo el aficionado blanquiazul buscó culpables para asimilar la derrota y no encontró mejor víctima que el propio Zorro, a quien le restregaron toda esa furia contenida por impedirles festejar en su fiesta.
Según se sabe, la noche del domingo, agolpados en lo más alto de la tribuna sur cerca de 30 hinchas grones esperaron por largos minutos al delantero para recriminarle, a su estilo, por el imperdonable error y al verlo salir del camerín empezó el concierto de insultos en su contra.
¡Argollero de m…, solo por eso juegas!, fracasado, malo de m…!, vete del equipo conch…!, fueron algunas de las frases que retumbaron en los oídos del atacante.
Sin embargo, el enojo de los barristas era incontenible y poco les faltó para bajar hasta el estacionamiento de la tribuna sur y hacer justicia con sus propias manos, pero la oportuna intervención de la policía evitó que la sangre llegara al río.
Aguirre se fue del estadio esquivando la mirada, la culpa le carcomió el alma y prefirió el silencio. El Zorro respira tensión, pues la paciencia del hincha se acabó, se la tienen jurada, y se lo hicieron notar. La amenaza está sentada y parece que no están dispuestos a aguantar una falla más de parte del delantero.



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